entre caminar en una noche fria por Georgetown cubierto de nieve, el despertar por el viento de Isla Mocha, caminar por la encrucijadas calles de Potosi, ver el amanecer en medio del lago Llanquihue, ver las estrellas inmerso en los bosques de Huilo Huilo, escuchar bossa nova en un bar de Sta Teresa, caminar sin apuro mojandose los pies en las aguas de Lopez Mendez,
ver lo inconcluso de Copacabana y observar a lo lejos las favelas de Rio desde un azotea, patinar por las calles de Rio, comer una parrillada de barrio en Palermo, comer es una pizzeria atestada a cuadras de NYU, estar atrapado por la lluvia repentina del Ojo del Inca y las montañas que lo resguardan, caminar entre las montañas de Coroico, perderse en el Central Park cubierto de nieve,
fluir y ver el amanecer entrelazado a los bosques de Maryland, ver Buenos Aires desde uno de sus balcones, ir de cerro en cerro en Valparaiso, perderse en el salar de Uyuni, dormir en una calida noche en Villa Tunari, ver el atardecer desde Ipanema o Punta de Lobos, perderse en los pasillos de un viejo hotel en Pta del Este o ser el unico huesped en un hostal muerto en Pto Varas, nadar y ver desde el mar las montañas tapizadas de Colcura, tomar café y escribir un poco en un pequeño cafe en Brooklyn o admirar el Valle de los Andes.
y en definitiva los mejores viajes siempre seran los que aun no haz echo


